"Amar al prójimo debe ser tan natural como vivir y respirar." Beata Madre Teresa de Calcuta. Esta es una cita que es un tanto fácil pronunciar y aparentemente muy difícil de llevar a la practica.
Hace aproximadamente unos 20 días, colocaba en mi facebook un post en donde decía que tenía muchísimas ganas de comer un Choripan, (un pan, tipo comida rápida, típico de mi país), y no fue hasta llegada la noche de ese mismo día, que el hambre y los deseos de comer el mismo mermaron al llegar al restaurante en donde los venden....la razón, la impotencia y el dolor de ver cómo tres indigentes muy jóvenes, buscaban a orillas de la acera, hacer un refugio con papel periódico y unas sábanas viejas y de inmediato pensé...realmente hay personas que lo único que desean es un trozo de pan, y yo aquí pidiendo caprichos! No sé si estuvo mal desear el pan o no, pero que ganas me dieron de tener en mi cuenta muchos ceros hacia la derecha para poder calmar el frío que esos hombres desamparados sentían.
Así hay muchos caso que veo y me siento realmente pequeña, a veces las ganas de ayudar no son suficientes, hay que ponernos en acción y buscar los medios para poder llevar a cabo aunque sea un acto de bondad ya sea al día, a la semana, al mes o al año. Ciertamente las ganas existen pero en muchas ocasiones hay algo que nos detiene. Es casi seguro que cuando tienes el enorme deseo de ayudar, es porque Jesús te lo pide, no dudes en hacerlo realidad. Hay personas como la Beata Madre Teresa de Calcuta que dedicaron su vida entera a servir al prójimo, siguiendo casi al pie de la letra, el ejemplo de Jesús.
Creo que no es necesario ser famoso y tener grandes sumas de dinero en el banco para poder ayudar a quienes lo necesitan, no siempre la ayuda que estos dan, es de corazón, muchas veces es precioso poder ayudar de forma anónima, ya que para mi, esa ayuda es la más sincera, mágica y gratificante.
Siempre he tenido la firme convicción que en algún punto de mi vida, el camino a seguir será ayudar a quienes más lo necesiten, de pequeña soñaba con tener un albergue para los desamparados, y ese sueño aún no se desvanece. Si por las circunstancias de la vida, te es difícil aportar un grano de arena en la vida de otros, es decir, que económicamente no te es posible, recuerda que la ayuda no solo es de color verde o dorado, hay muchas formas en las que puedes saciar esas necesidades existentes en quienes las padecen.
Es frustrante, yo sé, muchas veces el querer ayudar y las finanzas no te lo permiten porque en tu vida diaria hay muchos compromisos adquiridos que deben cumplirse mes a mes, tal vez en más de alguna ocasión puedas hacerlo, pero no siempre tan frecuentemente como uno desea. Pero lo lindo de poder dar un poco de ti a los demás, no sólo se reduce a eso.
Saben conozco a un señor, no tan viejo, pero tampoco ya muy joven, su aspecto es desgarbado, viste arapos, puede llegar a oler a rayos y centellas cuando te acercas a él, hasta puede causarte miedo al verlo (Siempre he dicho que la ventana al alma de las personas, son los ojos, me bastó con verlo de frente y estudiar su mirada) y no pude evitar un día de aquellos en que esperaba a que llegara el bus de mis hijos, entablar una conversación con aquel señor, que muchas veces vaga por las calles, sin compañía alguna, sin amigos, y no hay quien le pregunte qué necesita., y mientras la conversación transcurría, pude ver un poco más allá...si bien tenía la necesidad de comida, techo, y ropa, tenía la necesidad de ser escuchado, de conversar, sus recuerdos le persiguen hasta hoy en día, encerrándolo en el pasado, recordaba con tanta melancolía su vida, y a sus familiares, pero jamás escuché queja alguna sobre su actual estado, y lo que más me impactó, es que cada vez que yo lo veía, tenía una sonrisa en su rostro, y debo admitir, yo disfrutaba de la conversación, la razón por la cual lo veía sonreir y no lo escuché quejarse, creo que era porque el sabía que no estaba sólo, tenia el mejor de los libros en sus manos, tenía la Biblia, se sentía acompañado por el Señor, y me leyó unos cuantos Salmos, pero los recitaba con mucha paz y luego de ello meditaba un poco sobre las lecturas.
Yo tenía unas cuantas revistas de VANIDADES en mis manos, ya que me encanta leer las novelas de Corín Tellado que se encuentran al final de cada uno de los números, y en cuanto las vió, me las arrebató y me dijo "déjame verlas!" y vi como su rostro se transformaba...me decía "¡¡ayyyy mira, Julio Iglesias!!, aquí estaba jovén", mientras cantó un pedacito de alguna canción del artista, sus ojos se abrían cada vez más, y mientras veía más fotos, se emocionaba muchísimo, mi sorpresa fue que hasta sabía de farándula! En ese momento mis pensamientos fueron, "¿que le habrá pasado a este señor?" por lo que pude ver es una persona muy culta, ya que tocó varios temas, desde un par de guerras, historia nacional, hasta la vida del espectáculo, pero a pesar de su situación, poseía alegría.
Al llegar el bus de mis hijos tuve que despedirme, claro mis bebés tenían un poco de miedo por su aspecto y me decían, "mami déjale las revistas, te puede hacer algo", así en tono de susurro, pero se quedaron boquiabierta cuando muy educadamente me dijo "gracias, gracias por dejarme verlas, adíos niños que tengan un buen día." Mis ojos se inyectaron inmediatamente con lágrimas y dije, si bien no es la persona más rica, ni con el aspecto más agradable sobre el mundo, en ese momento fue un gran maestro de la vida, me enseñó algo...que no importan las circunstancias de la vida de cada quien, si tienes dinero o no, si tienes lujos o no, pero él con poco supo ser feliz, aunque fuera por unos cuantos minutos, a pesar de no tener a alguien en esta vida, pero siempre mantuvo una sonrisa y creo que pasamos un rato ameno.
Tendemos muchas veces a juzgarlos sin saber qué pudo haberles ocurrido, sin darles un poco de tiempo, sin brindarles algo de lo que a nosotros nos sobra, y decimos....están así porque quieren, cuando realmente en general, no sabemos por qué circunstancias de la vida, aquellos necesitados, tanto niños como adultos, viven de esa forma.
Pero que sencillo es por ejemplo, brindar ayuda, esa ayuda que tienes tu a la mano con tan solo tomar el tiempo de un día....unas cuantas horas, y si tienes hijos, dirigirte a sus cuartos, y sacar la ropa que ya no utilizan, luego dirigirte al tuyo y sacar aquellas prendas que ya no sueles ponerte ....muchas personas suelen tirarlas, pero es mucho mejor donarla a quien realmente la necesita, o puedes preparar un par de emparedados en un dos por tres para salir a dárselos a aquellos niños que ves desde tempranas horas en las calles, o llevar una caja de jugos naturales en tu auto para cuando te topes en un semáforo con alguien sediento.
Cuando me refiero ayudar al prójimo, no me quiero también encasillar, en ayudar a aquellos indigentes o niños hambrientos, dentro de tus familiares también puede existir alguien que no pide ayuda y la necesita, un amigo, un vecino, un hermano o un compañero del trabajo.
Tal vez no harás más feliz su día, ni mejoraras su calidad de vida, pero si que por un momento les darás un poco de esperanza de saber que en el mundo existen aún personas que se preocupan por ellos, creo que no es bueno vivir tu vida sin dar un poco de lo que tienes a los demás, a veces las bendiciones que se reciben están hechas para compartir!
EUGENIA
Así hay muchos caso que veo y me siento realmente pequeña, a veces las ganas de ayudar no son suficientes, hay que ponernos en acción y buscar los medios para poder llevar a cabo aunque sea un acto de bondad ya sea al día, a la semana, al mes o al año. Ciertamente las ganas existen pero en muchas ocasiones hay algo que nos detiene. Es casi seguro que cuando tienes el enorme deseo de ayudar, es porque Jesús te lo pide, no dudes en hacerlo realidad. Hay personas como la Beata Madre Teresa de Calcuta que dedicaron su vida entera a servir al prójimo, siguiendo casi al pie de la letra, el ejemplo de Jesús.
Creo que no es necesario ser famoso y tener grandes sumas de dinero en el banco para poder ayudar a quienes lo necesitan, no siempre la ayuda que estos dan, es de corazón, muchas veces es precioso poder ayudar de forma anónima, ya que para mi, esa ayuda es la más sincera, mágica y gratificante.
Siempre he tenido la firme convicción que en algún punto de mi vida, el camino a seguir será ayudar a quienes más lo necesiten, de pequeña soñaba con tener un albergue para los desamparados, y ese sueño aún no se desvanece. Si por las circunstancias de la vida, te es difícil aportar un grano de arena en la vida de otros, es decir, que económicamente no te es posible, recuerda que la ayuda no solo es de color verde o dorado, hay muchas formas en las que puedes saciar esas necesidades existentes en quienes las padecen.
Es frustrante, yo sé, muchas veces el querer ayudar y las finanzas no te lo permiten porque en tu vida diaria hay muchos compromisos adquiridos que deben cumplirse mes a mes, tal vez en más de alguna ocasión puedas hacerlo, pero no siempre tan frecuentemente como uno desea. Pero lo lindo de poder dar un poco de ti a los demás, no sólo se reduce a eso.
Saben conozco a un señor, no tan viejo, pero tampoco ya muy joven, su aspecto es desgarbado, viste arapos, puede llegar a oler a rayos y centellas cuando te acercas a él, hasta puede causarte miedo al verlo (Siempre he dicho que la ventana al alma de las personas, son los ojos, me bastó con verlo de frente y estudiar su mirada) y no pude evitar un día de aquellos en que esperaba a que llegara el bus de mis hijos, entablar una conversación con aquel señor, que muchas veces vaga por las calles, sin compañía alguna, sin amigos, y no hay quien le pregunte qué necesita., y mientras la conversación transcurría, pude ver un poco más allá...si bien tenía la necesidad de comida, techo, y ropa, tenía la necesidad de ser escuchado, de conversar, sus recuerdos le persiguen hasta hoy en día, encerrándolo en el pasado, recordaba con tanta melancolía su vida, y a sus familiares, pero jamás escuché queja alguna sobre su actual estado, y lo que más me impactó, es que cada vez que yo lo veía, tenía una sonrisa en su rostro, y debo admitir, yo disfrutaba de la conversación, la razón por la cual lo veía sonreir y no lo escuché quejarse, creo que era porque el sabía que no estaba sólo, tenia el mejor de los libros en sus manos, tenía la Biblia, se sentía acompañado por el Señor, y me leyó unos cuantos Salmos, pero los recitaba con mucha paz y luego de ello meditaba un poco sobre las lecturas.
Yo tenía unas cuantas revistas de VANIDADES en mis manos, ya que me encanta leer las novelas de Corín Tellado que se encuentran al final de cada uno de los números, y en cuanto las vió, me las arrebató y me dijo "déjame verlas!" y vi como su rostro se transformaba...me decía "¡¡ayyyy mira, Julio Iglesias!!, aquí estaba jovén", mientras cantó un pedacito de alguna canción del artista, sus ojos se abrían cada vez más, y mientras veía más fotos, se emocionaba muchísimo, mi sorpresa fue que hasta sabía de farándula! En ese momento mis pensamientos fueron, "¿que le habrá pasado a este señor?" por lo que pude ver es una persona muy culta, ya que tocó varios temas, desde un par de guerras, historia nacional, hasta la vida del espectáculo, pero a pesar de su situación, poseía alegría.
Al llegar el bus de mis hijos tuve que despedirme, claro mis bebés tenían un poco de miedo por su aspecto y me decían, "mami déjale las revistas, te puede hacer algo", así en tono de susurro, pero se quedaron boquiabierta cuando muy educadamente me dijo "gracias, gracias por dejarme verlas, adíos niños que tengan un buen día." Mis ojos se inyectaron inmediatamente con lágrimas y dije, si bien no es la persona más rica, ni con el aspecto más agradable sobre el mundo, en ese momento fue un gran maestro de la vida, me enseñó algo...que no importan las circunstancias de la vida de cada quien, si tienes dinero o no, si tienes lujos o no, pero él con poco supo ser feliz, aunque fuera por unos cuantos minutos, a pesar de no tener a alguien en esta vida, pero siempre mantuvo una sonrisa y creo que pasamos un rato ameno.
Tendemos muchas veces a juzgarlos sin saber qué pudo haberles ocurrido, sin darles un poco de tiempo, sin brindarles algo de lo que a nosotros nos sobra, y decimos....están así porque quieren, cuando realmente en general, no sabemos por qué circunstancias de la vida, aquellos necesitados, tanto niños como adultos, viven de esa forma.
Pero que sencillo es por ejemplo, brindar ayuda, esa ayuda que tienes tu a la mano con tan solo tomar el tiempo de un día....unas cuantas horas, y si tienes hijos, dirigirte a sus cuartos, y sacar la ropa que ya no utilizan, luego dirigirte al tuyo y sacar aquellas prendas que ya no sueles ponerte ....muchas personas suelen tirarlas, pero es mucho mejor donarla a quien realmente la necesita, o puedes preparar un par de emparedados en un dos por tres para salir a dárselos a aquellos niños que ves desde tempranas horas en las calles, o llevar una caja de jugos naturales en tu auto para cuando te topes en un semáforo con alguien sediento.
Cuando me refiero ayudar al prójimo, no me quiero también encasillar, en ayudar a aquellos indigentes o niños hambrientos, dentro de tus familiares también puede existir alguien que no pide ayuda y la necesita, un amigo, un vecino, un hermano o un compañero del trabajo.
Tal vez no harás más feliz su día, ni mejoraras su calidad de vida, pero si que por un momento les darás un poco de esperanza de saber que en el mundo existen aún personas que se preocupan por ellos, creo que no es bueno vivir tu vida sin dar un poco de lo que tienes a los demás, a veces las bendiciones que se reciben están hechas para compartir!
EUGENIA
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